Motivating Young Learners

Motivar a los Pequeños Alumnos – Parte 1

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En mi clase de segundo grado, matemáticas es la hora más temida por muchos de mis estudiantes (y, debo admitir, a veces para mí también… las matemáticas no son mi fuerte). El inicio de la clase de matemáticas principia con quejidos, excusas, repentinas idas de emergencia al baño, y un descontento general.  Simplemente… no… la.. quieren.

Como maestra, mi trabajo es lograr que mis estudiantes aunque no se emocionen totalmente por las matemáticas, por lo menos estén dispuestos a probarlas.  Si me llegaras a preguntar cualquier día, diría que es una tarea casi imposible.  ¿Cómo lograr que un grupo de niños adquieran una destreza que ellos rechazan con todas sus fuerzas?

¿Qué motiva a la gente a aprender?

En la vida, hay dos fuerzas que dictan toda acción: lo que necesitamos y lo que queremos.  La motivación es el por qué detrás de todo lo que hacemos.  Si la gente tuviese poca o nada de motivación para completar una tarea – es decir que si no sintieran la necesidad o deseo de completarla — sería mucho menos probable que la tarea fuera a estar bien hecha, o siquiera hecha.

Para los adultos, la mayor parte de nuestro aprendizaje se guía por un deseo personal. Leemos libros que nos parecen interesantes, nos mantenemos al día con noticias relevantes y, seguimos carreras o nos educamos en áreas que, ojalá, tengan significado para nosotros. Desafortunadamente, la escuela no refleja el mundo de esta manera; los niños aprenden lo que aprenden porque sus maestros les dicen que eso es lo que tienen que aprender.

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Esto crea uno de los retos más difíciles a los que se enfrentan los educadores diariamente: lograr que los niños aprendan temas que no les interesan.  Frecuentemente significa esto que les enseñamos a cumplir con nuestras órdenes en lugar de enseñarles a aprender por sí mismos de manera independiente.

Como humanos, todos nosotros, tanto niños como adultos, somos expertos en resistirnos a hacer las tareas que no queremos hacer.  Para muchos estudiantes, la mayor parte del día la pasamos resistiéndonos a hacer algo. Esto es contraproducente y puede ser agotador tanto para el estudiante como para el docente.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Desde los inicios de la educación, los docentes se las han ingeniado para enfrentar estos retos en las aulas y, aunque nos hemos más creativos en las tácticas que usamos, la mayoría de las soluciones siempre han estado alrededor de una motivación extrínseca, o sea la disposición de completar las tareas con base en recompensas o castigos externos.

En los días de escuelas de un solo salón de clases y de castigos corporales, la filosofía era: “O lo haces o te atienes a las consecuencias”. La amenaza de “las consecuencias” era lo suficientemente temida y por lo tanto ser efectiva.  El miedo es una de las motivaciones extrínsecas más poderosas, aunque un tanto arcaico para nuestra filosofía moderna de enseñanza.

Afortunadamente, nuestro rol de maestros se ha ido modificando, de ser “rudos dictadores” a “líderes apasionados” que corroboran la nueva forma de enseñanza a través de la cual celebramos y reconocemos a los estudiantes como individuos. Como resultado de ello, nuestro mundo cuenta ahora con docentes más creativos y que se atreven a tomar riesgos.

Sin embargo, la mayoría de los educadores todavía confían en la motivación extrínseca para que nuestros niños aprendan. 

Las tácticas de miedo o castigos extrínsecos  todavía forman parte de la desenfrenada cultura de las escuelas, aunque ahora sean la amenaza de verse sin recreo o ser enviados a la oficina del director.  Calcomanías (pegatinas), dinero de juego, una caja de los tesoros y hasta buenas notas son tácticas de motivación extrínseca; en lugar de miedo, estos premios o recompensas extrínsecas se apoyan en el poder de la esperanza y todavía son práctica común. ¿Por qué?  Porque son efectivas… hasta cierto punto.

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La motivación con base en factores externos funciona bien para obtener resultados en el corto plazo; la promesa inmediata de un premio o castigo pueden motivar a los alumnos a hacer las cosas rápidamente. En una clase de matemáticas, ofrecí un dulce al primer alumno que acabara con la asignación. En cuestión de cinco minutos se formó una pila de papeles sobre mi escritorio. ¡Bravo! ¡Finalmente había encontrado la solución y de la manera más simple! (Pero ¡OJO! La solución era terrible.)

La promesa de un premio extrínseco realmente funcionó para motivar a mis alumnos, y ellos completaron su trabajo rápidamente.  Pero, como probablemente han adivinado, las hojas de trabajo en mi escritorio estaban hechas descuidadamente, unas a medio hacer, con lo que demostraban que no había aprendizaje. En cuanto a apoyar a un grupo de estudiantes que podrían contribuir positivamente en la sociedad, bueno, pues… se me acabaron los dulces y los niños no entendieron el valor de las cosas.

En lugar de sobornar a mis estudiantes con premios para aprender el material, yo debería haber recurrido a su motivación intrínseca, o a los deseos internos que facilitan realizar las tareas. 

Los alumnos que están motivados intrínsecamente, tienden a superar a sus pares que no están motivados o a aquellos motivados extrínsecamente, además, es más probable que su rendimiento aumente con el tiempo antes que darse por vencidos o que sus expectativas disminuyan.

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O lo que es lo mismo, el aprendizaje efectivo se da cuando los niños quieren aprender.  Esto no es de sorprender si se toma en cuenta que así es cómo actúan los adultos.  La gente se motiva por aquello que le interesa, la hace feliz, o la lleva a sentirse satisfecha. Todos estos son motivadores intrínsecos que resultan muy efectivos, ya que facilitan cualquier acción.

 

Motivadores Extrínsecos Motivadores  Intrínsecos 
Calcomanías (pegatinas) Diversión
Premios Intereses Personales
Dinero/Fichas Curiosidad
Elogios Relevancia
Castigos Amor propio

Tengo un estudiante a la que le fascinan las matemáticas.  Ella pasó su verano en un campamento de matemáticas y probablemente pueda enseñarme algo sobre el “valor posicional”.

En mi clase de segundo grado, matemáticas es la hora más temida por muchos de mis estudiantes (y, debo admitir, a veces para mí también… las matemáticas no son mi fuerte). El inicio de la clase de matemáticas principia con quejidos, excusas, repentinas idas de emergencia al baño, y un descontento general.  Simplemente… no… la.. quieren.

Como maestra, mi trabajo es lograr que mis estudiantes aunque no se emocionen totalmente por las matemáticas, por lo menos estén dispuestos a probarlas.  Si me llegaras a preguntar cualquier día, diría que es una tarea casi imposible.  ¿Cómo lograr que un grupo de niños adquieran una destreza que ellos rechazan con todas sus fuerzas?

¿Qué motiva a la gente a aprender?

En la vida, hay dos tendencias que dictan toda acción: lo que necesitamos y lo que queremos.  La motivación es el por qué detrás de todo lo que hacemos.  Si la gente tuviese poca o nada de motivación para completar una tarea – es decir que si no sintieran la necesidad o deseo de completarla — sería mucho menos probable que la tarea fuera a estar bien hecha, o siquiera hecha.

Para los adultos, la mayor parte de nuestro aprendizaje se guía por un deseo personal. Leemos libros que nos parecen interesantes, nos mantenemos al día con noticias relevantes y, seguimos carreras o nos educamos en áreas que, ojalá, tengan significado para nosotros. Desafortunadamente, la escuela no refleja el mundo de esta manera; los niños aprenden lo que aprenden porque sus maestros les dicen que eso es lo que tienen que aprender.

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Esto crea uno de los retos más difíciles a los que se enfrentan los educadores diariamente: lograr que los niños aprendan temas que no les interesan.  Frecuentemente significa esto que les enseñamos a cumplir con nuestras órdenes en lugar de enseñarles a aprender por sí mismos de manera independiente.

Como humanos, todos nosotros, tanto niños como adultos, somos expertos en resistirnos a hacer las tareas que no queremos hacer.  Para muchos estudiantes, la mayor parte del día la pasamos resistiéndonos a hacer algo. Esto es contraproducente y puede ser agotador tanto para el estudiante como para el docente.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Desde los inicios de la educación, los docentes se las han ingeniado para enfrentar estos retos en las aulas y, aunque nos hemos más creativos en las tácticas que usamos, la mayoría de las soluciones siempre han estado alrededor de una motivación extrínseca, o sea la disposición de completar las tareas con base en recompensas o castigos externos.

En los días de escuelas de un solo salón de clases y de castigos corporales, la filosofía era: “O lo haces o te atienes a las consecuencias”. La amenaza de “las consecuencias” era lo suficientemente temida y por lo tanto ser efectiva.  El miedo es una de las motivaciones extrínsecas más poderosas, aunque un tanto arcaico para nuestra filosofía moderna de enseñanza.

Afortunadamente, nuestro rol de maestros se ha ido modificando, de ser “rudos dictadores” a “líderes apasionados” que corroboran la nueva forma de enseñanza a través de la cual celebramos y reconocemos a los estudiantes como individuos. Como resultado de ello, nuestro mundo cuenta ahora con docentes más creativos y que se atreven a tomar riesgos.

Sin embargo, la mayoría de los educadores todavía confían en la motivación extrínseca para que nuestros niños aprendan. 

Las tácticas de miedo o castigos extrínsecos  todavía forman parte de la desenfrenada cultura de las escuelas, aunque ahora sean la amenaza de verse sin recreo o ser enviados a la oficina del director.  Calcomanías (pegatinas), dinero de juego, una caja de los tesoros y hasta buenas notas son tácticas de motivación extrínseca; en lugar de miedo, estos premios o recompensas extrínsecas se apoyan en el poder de la esperanza y todavía son práctica común. ¿Por qué?  Porque son efectivas… hasta cierto punto.

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La motivación con base en factores externos funciona bien para obtener resultados en el corto plazo; la promesa inmediata de un premio o castigo pueden motivar a los alumnos a hacer las cosas rápidamente. En una clase de matemáticas, ofrecí un dulce al primer alumno que acabara con la asignación. En cuestión de cinco minutos se formó una pila de papeles sobre mi escritorio. ¡Bravo! ¡Finalmente había encontrado la solución y de la manera más simple! (Pero ¡OJO! La solución era terrible.)

La promesa de un premio extrínseco realmente funcionó para motivar a mis alumnos, y ellos completaron su trabajo rápidamente.  Pero, como probablemente han adivinado, las hojas de trabajo en mi escritorio estaban hechas descuidadamente, unas a medio hacer, con lo que demostraban que no había aprendizaje. Con respecto a apoyar a un grupo de estudiantes que podrían contribuir positivamente en la sociedad, bueno, pues… se me acabaron los dulces y los niños siguieron sin entender el valor posicional.

En lugar de sobornar a mis estudiantes con premios para aprender el material, yo debería haber recurrido a su motivación intrínseca, o a los deseos internos que facilitan realizar las tareas. 

Los alumnos que están motivados intrínsecamente, tienden a superar a sus pares que no están motivados o a aquellos motivados extrínsecamente, además, es más probable que su rendimiento aumente con el tiempo antes que darse por vencidos o que sus expectativas disminuyan.

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O lo que es lo mismo, el aprendizaje efectivo se da cuando los niños realmente quieren aprender.  Esto no es de sorprender si se toma en cuenta que así es cómo actúan los adultos.  La gente se motiva por aquello que le interesa, la hace feliz, o la lleva a sentirse satisfecha. Todos estos son motivadores intrínsecos que resultan muy efectivos, ya que facilitan cualquier acción.

Motivadores Extrínsecos Motivadores  Intrínsecos
Calcomanías (pegatinas) Diversión
Premios Intereses Personales
Dinero/Fichas Curiosidad
Elogios Relevancia
Castigos Amor propio

Tengo una estudiante a la que le fascinan las matemáticas.  Ella pasó su verano en un campamento de matemáticas y probablemente pueda enseñarme algo sobre el “valor posicional”. Mientras el resto del grupo confunde las unidades decimales, esta estudiante está experimentando qué pasaría si combinara los miles con los cientos de miles y… ¡nunca pidiera un dulce!

Muchos de nosotros tenemos alumnos cuya motivación es intrínseca.  Confiamos en la motivación extrínseca simplemente porque es la que podemos controlar (por mucho que yo quisiera, no puedo forzar a todos mis alumnos a que les gusten las matemáticas).  Pero al modificar nuestro rol y pasar de ser autoritarios a facilitadores, nuestra tarea es ayudar a los estudiantes a encontrar esta motivación intrínseca en sí mismos.

¿Querrias saber cómo ayudar a que el aprendizaje de tus estudiantes pasara de estar motivado extrínsecamente a ser intrínseco? 

No te pierdas la Parte II de este artículo la próxima semana. En él examinaremos diferentes maneras prácticas de cambiar las tácticas de motivación en tu salón de clase.

No te pierdas el próximo webinar de Jake Whiddon:

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12 nov. 2019

Cómo motivar a los niños a aprender inglés

¿Sabes por qué la auto motivación es la clave para aprender una lengua? ¿Qué puedes hacer para motivar a tus alumnos intrínsecamente?

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